He de reconocer que no me preocupé demasiado por el destino de las plumillas que compusieron la primera parte de la serie de los Rincones del AltoAragón que se publicaron en el Heraldo. Algunas no volvían, otras se las regalaba a oriundos de los núcleos de población e incluso algunas se vendieron.

Pero de esta me acuerdo perfectamente porque, junto con otras dos, constituyó mi primera aportación al Museo Nacional de Dibujo de Larrés que fundara hace 30 años Julio Gavín y sus amigos de Serrablo.

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