Cuando visité el pueblo, en diciembre de 1980 para trazar el dibujo que se publicó en el Heraldo el día 23 de ese mes, todavía quedaban macetas vivas en uno de los balcones. No hacía demasiado tiempo que había sido abandonado del todo.

Cuando visité el pueblo, en diciembre de 1980 para trazar el dibujo que se publicó en el Heraldo el día 23 de ese mes, todavía quedaban macetas vivas en uno de los balcones. No hacía demasiado tiempo que había sido abandonado del todo.
